En un lugar común, corriente y público ellas entran; con aires de diversión, risas buscan cumplir el objetivo qe las llevó ahí.
Mientras una inspecciona, la otra se mira en el espejo y se abre la puerta, se siente un silencio, ya no eran sólo ellas dos, eran tres y se miraban a los ojos en silencio, profundo.
El grito tradicional hizo que retumben las paredes, la fuerza del abrazo de siempre y el amor que sigue intacto, sin importar el tiempo, está ahí más vivo que nunca.
No saben si llorar o reir, una se tiene qe ir y no puden dejar de mirarse... la puerta se vuelve a abrir y la invitada que llegó sorpresivamente se retira.
Después todo siguió normal, fue un instante en que el mundo dejó de girar y que las tres frutas supieron disfrutar.
en un momento todo paró y nació el amor
